Del cómo vengo a hablarte

No crecí sabiendo que la meditación existía como crecen mis hijos. Tampoco fui precoz en mi crecimiento espiritual, y quizás por eso escribo ahora estas líneas, porque hasta hace bien poco no he encontrado la forma de meditar a diario.

Te adelanto que en estas líneas no pretendo hacer una revisión histórica ni tan siquiera práctica de la meditación. A lo que he venido es a hablarte de cómo he encontrado la salida del laberinto mental que me había creado por si te inspira a que puedas encontrar la tuya.

Autocuidado
Baño meditativo con flores by Emma. Primavera 2020

Las primeras experiencias de máxima conexión que recuerdo en mi vida adulta, más allá de sentirme profundamente enamorada y fundida con mi pareja, las viví en una gran sala con suelo de madera bailando y jugando en tribu.

En mí bailar es una de las puertas que despliegan la escalera al cielo. Bailando en libertad, en un espacio de seguridad y confianza, empecé a conectar con una sensación de plenitud y expansión imposible de relatar. Por aquel tiempo, año 2010, leí a Osho y sus reflexiones sobre la meditación en movimiento, y me adentré en sus meditaciones dinámicas. Te soy sincera: a mí me con este método me costaba conectar, pero me ayudó a seguir explorando el mío y me abrí a la posibilidad de una meditación activa.

Danzas y Risas en Nitya, BCN. Embarazada de Emma, 2015.

¿Meditación Activa?

Parece contradictorio con la imagen mental que nos hemos creado, ¿verdad? Pues sí, podemos meditar en movimiento, y de hecho nos es mucho más sencillo en esta parte del mundo en la que aprendimos a sobreproducir, sobrepensar y sobreconsumir.

Ocurre que nos es más sencillo alcanzar paz haciendo algo, porque nos es terriblemente costoso reaprender a no hacer nada y transitar el camino de vuelta a casa, el descansar en el no hacer en palabras de Claudio Naranjo, el camino hacia sentir y abrirme a conectar con lo que me rodea.

Te contaba que alcancé la meditación en movimiento, sí, claro que una vez en casa y a diario… pues no todos los días me apetecía pegarme esos bailes, la verdad. Así que unos años después me propuse alcanzar el meditar en quietud y me encontré un gran muro: la fantasía del silencio mental. Fantasía en mi experiencia, porque no encontraba el silencio por ninguna parte. Así que con todo en paz afuera, habiendo encontrado el momento del día, la soledad necesaria y todo lo demás, en cada intento acababa repitiéndome con más fuerza destructora “esto no es para mí”. Y así estuve un tiempo.

¿Cómo hacer de la meditación una práctica diaria?

Entonces, ¿qué ha cambiado? te preguntarás. Pues que me he deshecho de la idea que limitaba qué era meditación y qué no lo era, y encontrarme con esta práctica diaria es el regalo que ha brotado de abrazar que en mí podía ser diferente. Abrazar que meditar no significa adoptar una postura de yogui ni estar completo silencio mental. Abrazar que meditar, para mí, es estar en profunda conexión conmigo misma. Así, me encuentro meditando a veces mientras me doy un baño, otras después de mi práctica de yoga y otras mientras canto una canción con los ojos cerrados. Medito en abrazos con mis hijos, medito contemplando las nubes, y sí, son instantes de pura meditación. ¿Y cómo sé que lo son? Por lo que viene después, cuando agradezco ese momento y registro el cambio en mí. Estoy segura que sabes de qué te hablo.

Te dejo ahora algunas pistas de caminos recorridos que me ayudan a alcanzar este estado de máxima presencia, con la plena intención de que puedan ayudarte.

Encuentra un espacio para ti. Espacio físico y temporal. Y si en todo el día no hay ningún hueco disponible en que estés a solas, encuentra tu espacio en relación a lo que hay fuera. Haz que ocurra con lo que tienes, esperar que sea diferente sólo hará que no ocurra, y sólo depende de ti que lo puedas crear. Créeme, eres 100% responsable de que suceda.

La música tiene acceso directo. Y en cada persona el acceso directo puede ser un mantra, una canción tribal de tambores o una flauta andina. La exploración de tu propio método es estimulante y divertida, prueba distintas melodías y elige aquello que te haga vibrar más alto. No porque una playlist se llame “mantras para meditar” ha de ser para ti, quizás prefieras sonidos del mar o cantar lo que nazca de tu corazón.

Ojo: la música sin letra. No te recomiendo canciones con letra que te lleven a una historia o mensaje, mucho menos si son en un idioma que conoces. Tampoco música que te haya acompañado en experiencias pasadas; busca la neutralidad.

Empieza con meditaciones guiadas. Este paso ha sido fundamental para mí. La red está repleta de ellas, tienes acceso a muchísimas meditaciones de las cuales unas te ayudarán a conectar y muchas otras no. Mi consejo es que seas honest@ contigo más allá de quién haya grabado la meditación, confía en tu sabiduría interna y tu intuición.

Ábrete tanto a meditar en quietud como a hacerlo en movimiento.

El movimiento puede ser ondulante en el silencio de tu jardín, puede venir acompañado de tu música favorita, puede ser lo que tú necesites que sea. Sí es relevante que pongas conciencia; ¿estás bailando con la mente en otro lugar o estás realmente presente en la conexión con tu cuerpo? Te doy un buen truco: cierra los ojos y disfruta de movimientos repetitivos.

Para meditar en quietud, cuida que la posición sea cómoda. No es fácil empezar sentad@ si no te colocas una mantita en los isquiones (o un zafu, o un banco de meditación), así que ve paso a paso: puedes empezar en una silla que te resulte cómoda o incluso descansando boca arriba en el suelo o la cama.

Cuando des por concluida tu práctica, sé compasiv@ contigo y agradécete cada instante del proceso. Siempre.

Estar en paz y agradecer lo vivido te permitirá continuar adentrándote en tu experiencia de meditación. Pelearte por no haber cumplido tus propias expectativas te aleja de que tu próxima meditación sea más fluida… e incluso puede llevarte a que no haya una próxima vez.

Me repito: tomar un camino u otro es 100% una elección tuya. ¡Elige con consciencia!

Con amor,

María.

4 comentarios

  1. Gracias por compartir tu experiencia y lo inspirado de tus palabras. Las recibo como un bálsamo compasivo de aceptación de mi misma y lo que a mí me haga bien…❤️

    Esther Mingorance
  2. ¡Que maravilla de artículo!. ¡Tan abierto a las infinitas posibilidades! Sabias reflexiones las que vienen de la exploración y la experiencia y grande el corazón de compartirlo. Gracias amiga.

    1. Querida amiga, me sirven de mucho los caminos recorridos por mis maestras y maestros. Quizás haya quien se pueda nutrir de mi experiencia, desde ahí nacen mis palabras. Te doy las gracias una vez más (por todo) con mucho amor, preciosa.

      María Navarro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *